Soltar el enfado intrínseco.
Aquel que está enganchado en mi Voz…en todas las células de mi cuerpo.
Ese que ni siquiera veo, qué ni siquiera sé cual es y que solo siento cuando es detonado.
El Enfado te aprieta para que abandones una forma.
Verlo, sentirlo, y dejar que exista es morir.
Y morir es de valientes.
Así es la Muerte misma.

Suelto con sentido.
Entrando en otro lugar, mucho más difícil.
Adopto el silencio. Amordazo mi luna.
La cuido, la amo pero no dejo que abra su cauce cotidiano.
Arriesgo. Abro otro.
Con amor, con valentía, con respeto.
Muchos años del mismo fluido.
Las células recuerdan, vuelven al mismo lugar.
Salgo de ahí. No quiero.
Amanezco con paciencia. Avanzando a pesar de todo.
No hay recompensa.
No funciona así.
Sientes que no entiendes y entonces entiendes que ya nada puede seguir igual.
Avanzo sin remedio.
No puedo parar el proceso.

Mi luna. Mi leona.
Busco el corazón, mendigando algo diferente.
Una conexión con una verdad que a simple vista parece imposible.

Estoy en el medio del fuego cruzado de la vida y reclamo mi derecho a vivir.